
A lo largo de la vida, el ser humano visualiza su futuro próximo y lejano, proponiéndose metas a alcanzar; estas pueden ser tener un buen trabajo, conseguir un sueldo favorable, viajar a diferentes partes del mundo e incluso, conseguir una familia. Pero el amor es sin duda uno de los fines más difíciles de alcanzar, ya que la mayoría de las personas tienen una idea errónea de lo que amar significa y aunque es algo totalmente subjetivo y no existe un verdadero concepto que lo defina, sabemos qué no es el amor.
Muchas personas han escrito a cerca del amor tratando de explicarlo; Erich Fromm lo define como un arte que debe ser practicado con conocimiento y esfuerzo, para Baruch de Spinoza el amor consiste en compartir alegrías y tristezas, para la biología es un simple instinto de supervivencia y para el materialismo es el amor una serie de comportamientos y actitudes desinteresados que se manifiestan en el ser humano.
Cualquiera que sea la definición, la realidad es que el amor existe en cada uno de nosotros y debemos conocerlo para poder llevarlo a cabo en la práctica de manera adecuada y moral. Uno de los problemas actuales con respecto al amor es la comparación inconsciente o consciente que nosotros le atribuimos con el consumismo. ” Atractivo” significa habitualmente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad”. factor que el autor Erich Fromm menciona en su obra, ejemplificando que los humanos somos como productos que seducen al comprador dependiendo de las cualidades o características que los hacen especiales.
Esto no parece ser un problema para las personas, tomando en cuenta que nos vendemos para los puestos laborales, pero ¿Fingir ser otra marca distinta a la nuestra para mostrarnos atractivos en las relaciones amorosas resulta ético y moral?
Las mujeres que exageran en el maquillaje, que usan faldas cortas y perfumes llamativos, son un claro ejemplo de esta seducción de venta personal, lo mismo sucede con los hombres que se pasan horas metidos en un gimnasio, que se cuidan la piel aún más que una mujer y que usan cierto tipo de ropa para favorecer y embellecer “el empaque”. En ambos casos, las personas están tratando de convertirse en un producto que no son, para así venderse como lo que pretenden ser.
Y el plan de mercadotecnia funciona muy bien hasta que por fin un consumidor se dispone a comprar el producto ofrecido, quien engañado por el exterior deja a un lado lo que de verdad importa: el interior, el verdadero producto.
En el caso de las relaciones amorosas, la compra no queda hasta ahí. En el amor, la pareja debe pasar por tres etapas primordiales: el enamoramiento, el conflicto y la resolución; y es en el conflicto donde las dos partes se dan cuenta de que la pareja no es lo que esperaban o de que tiene más defectos que los que mostraba al principio. Es aquí donde el plan de compra y venta falla, pues por mucho que logremos disimular o disminuir un defecto, éste siempre estará ahí.
Por supuesto en un principio esto no parece importar, y esque “el fin justifica los medios” como Maquiavelo dice, pero en realidad se sobre valoran las "buenas intenciones " de un acto, que es parte del interior del ser y se descuida el aspecto externo del acto (intenciones y finalidades). Con esto quiero decir que "El fin jamás va a justificar los medios".
Nos encontramos ahora entre la espada y la pared, preguntándonos cómo debemos actuar, cómo debemos pensar, ser y hasta vestirnos para no caer en el negocio de las ventas de la personalidad. No se trata de ir gritando por el mundo nuestros defectos vistiéndonos desarregladamente, se trata más bien de una coherencia con la propia esencia, un equilibrio entre lo que uno es y lo que quiere demostrar, sin dejar a un lado las preferencias y gustos personales, pues por más buenos o malos que estos sean, son los que nos diferencian de los demás y los que harán que nuestra personalidad sea vendida honesta y eficazmente sin miedo a futuras quejas.
Entonces podemos decir que es de máxima importancia conocer la ética y llevarla a cabo, respetar lo que somos y no intentar disfrazarnos para poder ser más atractivos, pues no sólo estaríamos faltándonos al respeto si no que también estaríamos mintiendo a la pareja.
No hace falta para encontrar el amor que cambiemos nuestra forma de ser, nuestros gustos y preferencias, no se debe caer en el error de mostrarse afín con la pareja pues es un juego que al final cansa y desilusiona. Es importante dejar de imitar tendencias que sólo dictan lo que se espera que sea la gente, en vez de seguir modas se deben crear las propias. ¿Quién dicta qué es bello? ¿Quién dicta qué es lo correcto? Y más importante aún: ¿Quién sigue estas normas?
Si lo que se espera es una relación amorosa actuada y sintética, el modelo de compra y venta es perfecto. Pero si lo que se busca es amor puro, se ha de dejar a un lado el ego y la mercadotecnia para poder dar sin esperar recibir, para poder amar y tal vez ser amado, y no por un bello cuerpo o una linda sonrisa, si no por lo que se es en realidad.
Referencias: “El arte de amar”. Erich Fromm.


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