
Había una vez un lugar muy lejano llamado Suecia donde vivía el Rey con todos sus súbditos, guardias y muchísimas personas más. Pero aquel pueblo sufría por las injusticias cometidas y el buen Rey decidió nombrar a una persona que se dedicara a luchar por la supervisión de la justicia y su buen funcionamiento: Súper Ombudsman.
El héroe luchó por proteger a los débiles, por representar los derechos de la sociedad sin cuestionar nada, pero al ver que él sólo no podía hacer mucho, le pidió al Rey que contratara a tres personas más para poder llevar a cabo la misión. El Rey accedió y se formó un escuadrón de justicia, el cual se renovaría cada cuatro años para que aquella tierra llamada Suecia fuera una nación digna de ejemplo.
Hoy en día los guardianes de los derechos se extienden a todos los rincones del planeta Tierra, luchando aun por ser la voz del débil, salvando la vida de la gente inocente y haciendo de éste un lugar mejor. ¿Y vivimos felices por siempre? No…
Qué mejor que tener representantes de los derechos para que ayuden a combatir las injusticias que los humanos sabemos hacer con una facilidad increíble, y como siempre, el concepto de Ombudsman es perfecto, pero utópico.
Quien quiera que diga que nuestros derechos son defendidos y que nuestros queridos gobernantes buscan nuestro bienestar social, están mintiendo o viviendo una fantasía color de rosa. Entonces entra el comunicólogo intentando cumplir la misma misión del Ombudsman, proteger los derechos de los ciudadanos.
Para tal caso, el comunicólogo viene haciendo lo mismo que nuestro Ombudsman: nada; y tal vez no por gusto propio, si no porque la situación no es tan simple y las cosas son manejadas por quienes están en el poder y éste, posiblemente es el reto más grande que el comunicólogo enfrenta en la actualidad.
No debemos olvidar los mencionados casos de periodistas muertos por hacer su trabajo: informar los hechos a la gente. O qué decir de las amenazas recibidas por todos aquellos que buscan la verdad.
La realidad es que nunca se han tomado en cuenta los derechos humanos en su totalidad, e incluso es increíble que se respeten más los derechos de los criminales que de la sociedad; pues no es secreto que nos asaltan los policías en la madrugada para quitarnos algo de dinero bajo cualquier pretexto y en cambio violadores y secuestradores reciben condenas mínimas y narcotraficantes son protegidos por la misma policía.
Y ahí está el comunicólogo moderno, haciendo porquería que sirve de distracción y estupefacción para su país, creando programas de televisión mediocres, con el único fin de divertir a los ignorantes, haciendo revistas de farándula y moda cadavérica o en el mejor de los casos, hablando por el radio para invitar a los que escuchan a mandar saludos.
Pero el espíritu de súper Ombudsman aun sobrevive en el alma de aquellos que por amor a la humanidad y respeto a sus derechos se han retirado de los medios, aquellos que prefieren leer un buen libro antes que abrir una revista, aquellos que por ningún motivo prenden la tele a menos que sea para ver documentales de Animal Planet o distraer su mente inconforme con South Park. Así vive el legado de Súper Ombudsman, consciente de los hechos pero incapacitado para hablar. Y ahora ¿Quién podrá defendernos?


No hay comentarios:
Publicar un comentario